Por Augusto Taglioni
Otra vez Gaza. Decir que el ejército israelí lleva matando más de 70 palestinos en la última semana es solo mencionar el frío número estadístico en un conflicto mucho más complejo. A esta altura, los “argumentos” con los que se pretende justificar la matanza, carece de toda ética analítica.
Otra vez Gaza. Decir que el ejército israelí lleva matando más de 70 palestinos en la última semana es solo mencionar el frío número estadístico en un conflicto mucho más complejo. A esta altura, los “argumentos” con los que se pretende justificar la matanza, carece de toda ética analítica.
Poco duró la expectativa generada
a partir de la visita del Papa Francisco a Medio Oriente donde, en un acto de
audacia política, expuso los intereses que se juegan en este tema. Por un lado,
un Estado de Israel sin vocación de negociación, dispuesto a seguir ampliando
su ocupación ilegal en territorio palestino con un gobierno ultra-conservador
avalado por las urnas hace poco tiempo, y una Palestina, ocupada y oprimida,
pero con mas consenso internacional y una acuerdo entre las dos principales
fuerzas políticas (Hamas y Al Fatah), sellaron un acuerdo histórico para seguir
instalando mundialmente la conformación del Estado Palestino.
La ofensiva militar se da en
medio de un contexto mundial donde la causa Palestina viene cosechando
consensos de todos los bloques regionales, los BRICS, el Papa Francisco y hasta
el mismo Estados Unidos, mando a su Secretario de Estado a reunirse con Mahmmud
Abbas, la autoridad Palestina.
Es necesario analizar el contexto
internacional. Desde el punto de vista global, Estados Unidos y las potencias
de Europa occidental, sufren las consecuencias de la crisis que ellos mismos
generaron. Asimismo, observan como los BRICS, avanzan en una arquitectura
financiera mundial que los posiciona mundialmente en un plano de mayor
relevancia económica y política. En ese sentido, los países del BRICS, juegan
han brindado su apoyo en todos los organismos internacionales para que
Palestina sea reconocido como Estado e Israel termine con la constante agresión
militar y respete los mandatos de la comunidad internacional.
La perspectiva regional también
es interesante. Hamas y Al Fatah, constituyen una red de alianza que incluye al
denominado eje de la resistencia con Irán, Irak, Siria y el sur del Líbano. Mas
allá de los matices, este bloque viene consolidando especialmente la relación
con Rusia y preocupa a los centros de poder. Esta “preocupación” se expresa en
intentos desestabilizadores como los que sufre Siria hace 3 años y los que
comenzaron en Irak, a partir del Estado Islámico
de Irak (EEI) que pretende terminar con el gobierno del Primer Ministro, Nuri
Al-Maliki, quien asumió en plena invasión norteamericana y forjó una estrecha
relación con su vecino Irán, a pesar de las presiones de la Casa Blanca. Si bien, Estados
Unidos no apoya públicamente al EII, prometió intervenir solo si renuncia Al
Maliki, principal interés de la administración Obama para volver a la carga del
petróleo iraquí.
Desde 1987, año de inicio de la
primera Intifada (levantamiento en los territorios ocupados de Cisjordania y
Gaza), hasta la actual operación militar Plomo Fundido, sólo la cantidad de
niños palestinos muertos a manos del Ejército israelí es de 1.446, una cifra
casi idéntica a la totalidad de las bajas israelíes (1.466) en el mismo
período. Durante la primera Intifada, iniciada en septiembre de 1987, la
población civil palestina libró una intensa batalla, sólo con el lanzamiento de
piedras, en contra del Ejército invasor.
Decir que solo es una guerra
santa es faltar a la verdad. El conflicto entre Israel y Palestina, es una
disputa entre una potencia militar que ocupa ilegalmente un territorio
anteriormente ocupado, y quienes resisten como pueden pero con la firme
convicción de alcanzar la libertad, seguramente, la única garantía para la paz.

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