La crisis financiera internacional es el principal eslabón de las características que componen a este nuevo orden mundial. Como ya hemos analizado, las potencias occidentales no buscan resolver la crisis económica sino gestionarla mediante políticas de ajuste que ponen en vilo la soberanía económica de los países más débiles de la Unión Europea, tales como España, Grecia o Portugal.
Sin embargo, las potencias occidentales no tuvieron en cuenta un elemento central como la ofensiva de los movimientos autonomistas de Europa. La crisis financiera e puso en jaque la existencia de los Estados-Nación. Esto significa que las históricas luchas independentistas en los principales países de Europa comienzan
contar con las condiciones necesarias para efectivizar sus objetivos. Analicemos algunos casos.
Cataluña
Uno de los casos que ha tomado mayor notoriedad ha sido la voluntad autonomista de Cataluña. Con un reclamo histórico, los catalanes cuentan con un consenso superior al 50 por ciento y con los números necesarios para llevar adelante un referéndum. El problema de los catalanes es que España no acepta bajo ningún punto de vista una secesión de estas características. ¿Por qué? Cataluña representa el 20 por ciento del PBI español, siendo uno de los estados más ricos y productivos de España. Lo que menos quiere el gobierno de Mariano Rajoy, la Moncloa y la corona, es perder un territorio con recursos en medio de una de las crisis más grandes de la historia de España. Cataluña es la región más rica y económicamente más productiva de España y representa aproximadamente una cuarta parte de los impuestos recaudados en España, mucho más que su parte de la población de España, aproximadamente un 12%. Esta disparidad ha contribuido a impulsar el aumento del apoyo a la independencia.
En la misma sintonía que los catalanes, están los vascos, quienes abandonaron la lucha armada a cargo de la ETA para continuar con la masiva movilización que cotidianamente reúne a miles de vascos con la autonomía como horizonte.
Escocia
Un referéndum para decidir si Escocia debe ser un país independiente fuera del Reino Unido tendrá lugar el 18 de septiembre de 2014. Este conflicto debe remontarse al siglo XI. Durante las Guerras de Independencia Escocesa (1290-1363), diversas invasiones pusieron en manos de los ingleses diversos territorios de Escocia, aunque sin poner en riesgo la independencia.
En 1603 Jacobo VI de Escocia se convirtió en Jacobo I de Inglaterra, pero la unión de las coronas mantuvo los parlamentos separados. Escocia retuvo su gobierno, pero el conflicto entre ambos países se transformó en económico.
Finalmente, los parlamentos escocés e inglés firmaron el Acta de Unión (1707), por la cual ambos fueron disueltos, y todos sus poderes transferidos a un nuevo parlamento en Londres que se convirtió en el Parlamento de Gran Bretaña. Actualmente, Escocia es una nación constituyente y región administrativa del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte con su propio gobierno autónomo, el Parlamento Escocés, con sede en Edimburgo. La nación era un estado soberano antes de la aprobación del Acta de Unión de 1707 cuando el Reino de Escocia se unió con el Reino de Inglaterra para establecer el Reino Unido.
Los temas principales del referéndum son la economía escocesa, la defensa de las Islas Británicas, las relaciones entre Escocia y sus vecinos y la afiliación con organizaciones internacionales como la Unión Europea, la OTAN y la Mancomunidad de Naciones.
El Ministro Principal de Escocia, Alex Salmond, y su Partido Nacional Escocés (SNP en sus siglas inglesas) están a favor de la campaña independentista. El Primer Ministro británico David Cameron y la mayoría de los otros partidos políticos en Gran Bretaña están a favor de la continuación de la unión entre Escocia y el resto del Reino Unido.
Escocia aporta poco más del 8% del total de impuestos recaudados en el Reino Unido (excluyendo petróleo y gas), aproximadamente la misma proporción que el tamaño de su población.
El planteo independentista de Escocia es volver al estado de independencia perdido en 1707. El movimiento independentista escocés está compuesto por una variedad heterogénea de grupos. Abarca desde aquellos que quieren un avance gradual hacia la independencia a través de una "devolución" progresiva de autogobierno, a los que desean convertirse inmediatamente en un estado independiente.
Inglaterra propone el otorgamiento de mayores facultades administrativas y mayor poder en el parlamento pero siempre dependiendo de la centralidad del poder de la corona inglesa.
Esta propuesta se llevó a cabo en 1998 y fue considerada por los independentistas como un estado intermedio en la transición hacia un estado libre escocés.
Lo cierto es que en plena crisis de las potencias occidentales, donde Inglaterra atraviesa un proceso de ajuste encabezado por su ministro de hacienda, Osborne, de 1.000 millones de libras (1.200 millones de euros). En este contexto, el próximo 18 de septiembre, es muy probable que Escocia logre la independencia que busca desde 1707. Es, sin duda, un golpe al corazón de un imperio en decadencia.
El caso Puerto Rico
Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses desde 1917, cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Jones. Aunque su relación con Estados Unidos es similar a la de un estado de la Unión y se le permitió la redacción de una constitución para el manejo de asuntos internos, está sujeto a los poderes plenos del Congreso estadounidense mediante la Cláusula Territorial. Esto significa que el poder de ejercer su soberanía recae en el Congreso de los Estados Unidos y los poderes existentes en la Isla, al no gozar de protección en la constitución estadounidense, son revocables.
Las decisiones mas importantes para la isla depende del gobierno Federal de Estados Unidos, es decir, medidas económicas, políticas, de Defensa y relaciones exteriores, depende pura y exclusivamente de la Casa Blanca. De todas formas, existen Movimientos Sociales y Partidos Políticos que quieren la independencia. Este nuevo contexto regional y mundial, ha permitido dar pasos enormes de avance para tal fin.
Esto tiene que ver con la presencia del Movimiento Independentista Nacional Hostoniano, uno de las fuerzas que luchan por la independencia, en la última cumbre de la CELAC, organismo que nuclea a todos los países latinoamericanos y caribeños sin la presencia de Estados Unidos y Canadá.
Este protagonismo de la Celac en el caso Puerto Rico, se suma a la declaración del Movimiento de los No alineados que incorpora a países de Africa y Medio Oriente y al pronunciamiento del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, a favor de la independencia de la Isla. Estados Unidos ha ignorado todas y a cada una de estas posiciones, argumentando que se trata de un “asunto doméstico” que no tiene por qué tener la injerencia de la comunidad internacional.
El 4 de mayo pasado, miles de ciudadanos de Puerto Rico se movilizaron en contra de la política de ajuste del gobernador Alejandro García Padilla que propone la privatización de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). Esta decisión dejaría a miles de trabajadores en la calle y facilitará un colchón de recursos para Estados Unidos en plena crisis y recesión.
Así está el mundo, grandes potencias en problemas por la misma lógica con la que alimentaron al capitalismo salvaje y colonias y movimientos emancipadores que se encuentran con las condiciones objetivas para liberarse de la bota que el imperio pone en la cabeza de los pueblos.
Todos los imperios caen, y toda independencia, tarde o temprano, llega.
La crisis de los Estados-Nación son la variante del nuevo mundo multipolar que las potencias no tuvieron en cuenta.
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