jueves, 3 de julio de 2014

Mundial, protestas y especulación

Por Augusto Taglioni

Mucho se ha hablado de las protestas en Brasil. Primero, porque fueron en el marco de la copa de las Confederaciones, y después, porque afectan directamente a la organización del Mundial de fútbol. Las opiniones han sido de todo tipo, con nula precisión y mucha mala intención. Intentaremos desgranar los puntos más importantes de este conflicto que tiene varios condimentos. Demandas, política y especulación.

Protestas

En un país con poca cultura de movilización callejera, Brasil empezó a lanzarse a las calles de los principales Estados (San Pablo y Río de Janeiro por ejemplo) a fines del 2012. Las protestas comenzaron a partir de un aumento del 7 por ciento del boleto de colectivo que trajo consigo una serie de demandas sobre el funcionamiento de lo público, que incluía desde el servicio de transporte hasta el mejoramiento de la salud, la inversión en educación y la creación de puestos de trabajo. Esto, generó una histórica unidad en la acción de todas las Centrales Sindicales para la realización de un paro por tiempo indeterminado. La presidente, Dilma Rouseff, respondió con rapidez a través  de una reforma política que incluía la agenda de los sectores sociales que protagonizaron las protestas callejeras. La oposición aprovechó esta situación para oponerse en el Congreso y vaticinar, a través de su candidato, el senador Aecio Neves, el fin de ciclo del gobierno del Partido de los Trabajadores. Sin la posibilidad de un plebiscito que incorpore la reforma política en el sistema, Dilma se quedó sin una herramienta importante para dar respuesta a los reclamos que se fueron intensificando con el tiempo. La situación económica, como la del mundo, no es la mejor, Brasil frenó su crecimiento y está saliendo de una recesión que afectó al resto de los países del Cono Sur.

¿Quiénes son los manifestantes?

Lo primero que hay que decir es que en estos 12 años de gobiernos del PT,  40 millones de brasileros que estaban bajo la línea de la pobreza, ahora pertenecen a la clase media. Es decir, una importante porción de Pueblo logró conseguir empleo, recuperar capacidad de compra y obtuvo asistencia social y previsional. Esta nueva clase media es quien está reclamando mejoras en la calidad de vida. La brecha de desigualdad, medida en base al coeficiente de Gini, disminuyó en el período 2013-2014 y el salario medio real de los trabajadores creció por encima del incremento de la productividad. Entre 2003 y 2010, por ejemplo, el aumento acumulado de la productividad fue de 13,2% ante una expansión del 20,8% del salario real. Todo proceso que incluye mayorías debe tener perspectiva de futuro para que las demandas populares sigan siendo satisfechas. En ese proceso está Brasil.  El ex presidente de la Nación y Presidente del Partido de los Trabajadores, Ignacio Lula Da Silva, dijo que no quiere que el PT se transforme en un partido de cúpulas. Esto tiene que ver con la burocratización a la que llegan muchos partidos de mayorías cuando acceden al poder, y el PT no está exento de este dilema.

En ese contexto, arrancaron las protestas con un pedido claro, un mejor funcionamiento del Estado en la garantía de los servicios esenciales para la población. La organización del mundial exacerbó a los grupos más radicales por el costo (20 mil millones de dólares) que implica un evento deportivo de estas dimensiones, sin contar los gastos para los juegos olímpicos del año 2016.

Las protestan existen, minimizarlas sería un acto de ceguera de alta gravedad, las demandas son genuinas y deben ser respondidas, pero también es real que la masividad de las protestan disminuyeron contundentemente. También hay que decir que no son reclamos homogéneos. Participan desde el Movimiento Sin Tierra hasta hackers que convocan desde las redes sociales a una amplia gama de ciudadanos que no están de acuerdo con la organización del mundial de fútbol.

Elecciones
Anteriormente aclaramos dos cuestiones fundamentales. En primer lugar, que los reclamos vienen desde fines del 2012 de parte de un sector beneficiado por las políticas sociales de los gobiernos petistas. En segundo lugar, que las demandas son genuinas y el gobierno debe responder a ellas. Ahora, agregaremos un tercer punto importante vinculado al aprovechamiento político de la oposición política y los medios hegemónicos brasileros con el objetivo de erosionar la imagen de Dilma.

Las elecciones serán en octubre y la actual Jefa de Estado cuenta con todas las chances para lograr la re-elección. La derecha tuvo que reconfigurarse alrededor del senador Aécio Neves, ya que, José Serra perdió las últimas tres elecciones con Lula y Dilma respectivamente. Neves, aparece como una figura  joven al estilo Capriles en Venezuela, y una vez confirmada la candidatura, hizo público un documento titulado “los “13 fracasos” del PT, donde minimiza las conquistas de los últimos años en Brasil y acusa al gobierno de falta de “autocrítica y humildad”.

El mes mundialista es fundamental para la estrategia de la oposición brasilera. Esperan que las protestas sigan ensuciando la imagen de Dilma y eso, se refleje en las encuestas. Los medios siguen esa línea de fuego contra el gobierno y quienes protagonizan los reclamos, sin quererlo tal vez, son el ariete clave de ese proceso. ¿Esto inhabilita la justeza de los reclamos? Sin duda que no, pero no deben olvidarse que el único que podrá dar respuestas a las demandas de un pueblo que volvió a sentir la dignidad de la inclusión y el trabajo, será el actual gobierno de Brasil. Esa es su responsabilidad.

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